Árboles en Marte

Esta es una foto tomada en Marte por la cámara HiRISE, la más potente jamás enviada para inspeccionar otros planetas del Sistema Solar. La trampa: lógicamente, no son árboles.

Las manchas blancas encima de las dunas marcianas son depósitos de dióxido de carbono sólido, el llamado «hielo seco» que hay en algunos extintores. Las manchas oscuras que parecen pinos cubriendo la superficie del planeta rojo no son más que los sedimentos arrastrados por éste hielo seco cuando se funde en primavera. La perspectiva nos juega una mala pasada causando la ilusión óptica de que son objetos que se levantan del suelo.
Os dejo con otra imagen curiosa que han enviado recientemente las naves que sobrevuelan Marte. Un cráter con forma de corazón de un kilómetro de diámetro. Seguro que dentro de unos años es el destino número uno de los viajes de San Valentín.

La sustancia más cara del mundo

¿Sabéis cuál es la sustancia más cara del mundo? ¿El oro? ¿Los diamantes? ¿El grafeno? Os sorprenderá la respuesta, seguro. La sustancia más cara del mundo es la antimateria.

Pero, ¿qué es eso? Para comprenderlo hay que entender primero de qué está hecha la materia. Toda la materia que conocemos está constituida por átomos, pequeñas esferas de los distintos elementos. La teoría atomista surgió en Grecia en la antigüedad. Entonces se creía que los átomos eran indivisibles, pero hoy se sabe que están constituidos por un núcleo con unas partículas llamadas neutrones (sin carga) y protones (cargados positivamente) y una corteza externa de otras partículas más pequeñas llamadas electrones (cargados negativamente).

La antimateria es una sustancia que está compuesta de átomos con partículas «contrarias». Los antiprotones son negativos y los antielectrones (o positrones) son positivos. Cuando una partícula de materia y su gemela de antimateria se encuentran, se aniquilan mutuamente convirtiendo toda su masa en energía. Precisamente por esto es tan difícil y cara de fabricar: hay que evitar que una vez fabricada la antimateria se encuentre con materia. Esto es tan complicado que tan sólo el 1% de la antimateria creada «sobrevive» a la aniquilación estabilizada en campos magnéticos. El proceso además requiere instalaciones enormes y cantidades inimaginables de energía. Es por esto que la antimateria es la sustancia más cara. La NASA estima su coste real en unos 60.000 millones de dólares el miligramo. Un miligramo de oro, por ejemplo, cuesta menos de 5 céntimos.

Fabricar antimateria parece una locura, pero las antipartículas pueden ser muy útiles. Si queréis saber cómo, no dejéis de leer Electrones Excitados.com

Nuevos horizontes

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La semana pasada la NASA anunció una conferencia de prensa. Los rumores inundaron la red. ¿Habían descubierto vida extraterrestre? La respuesta la dieron el jueves a las 14.00, hora de Nueva York. Y no, no hubo platillos volantes ni señales electromagnéticas de otros sistemas planetarios. Pero eso sí, el anuncio fue impactante ya que cambia el concepto que tenemos de «ser vivo». Y en Electrones Excitados vamos a explicaros por qué. Continuar leyendo «Nuevos horizontes»

Oposición de dos planetas

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En el Twitter de @Zigaurre, un apasionado de la Ciencia y creador del podcast «Incrédulos Podcast» me encontré el otro día esta fantástica fotografía de la web de la NASA «Astronomy Picture of the Day – APOD«. Se trata de la oposición de Júpiter y Urano al Sol que sucedió el pasado 27 de septiembre.

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Gamba bajo el hielo vivita y coleando

Atentos a este vídeo:

Esto no pasaría de una imagen curiosa si no fuera porque la escena ocurrió a 200 metros por debajo de la capa de hielo de la Antártida Occidental, bajo unas condiciones de temperatura y presión semejantes a las que puede encontrarse, por ejemplo, en algunas de las lunas de Júpiter.

Un equipo de la NASA estaba realizando una exploración de las profundidades marinas bajo el hielo antártico con una cámara de perforación. Ésta enfocaba hacia arriba, de espaldas al taladro que se hacía camino a través del hielo, cuando apareció nadando este crustáceo anaranjado de unos 8 centímetros de tamaño.

Este primo lejano de los camarones se ha denominado Lysianassid amphipod, y es un miembro de la familia Lysianassidae del orden de los Amphipoda (del griego amphí, «de un lado y otro» y podós, «pie»), o anfípodos. Los anfípodos incluyen más de 7000 especies de criaturas con exoesqueletos, similares a las gambas, de los que ya se conocía la existencia de ejemplares en aguas antárticas.

Entonces, ¿qué tiene de especial el Lysianassid amphipod? Pues simplemente que no se esperaba encontrarlo ahí. Los científicos sólo esperaban ver bacterias, así que, cuando el anfípodo se estacionó en el cable de la cámara, éstos no daban crédito a lo que veían.

Hasta ahora, la comunidad científica ha trabajado bajo el supuesto de que la vida, tal y como la conocemos, sólo es posible dentro de una banda muy limitada de condiciones y factores ambientales. Se creía que nada más grande que una bacteria podría sobrevivir en ambientes tan extremos, pero este descubrimiento está obligando a reconsiderar la definición de “habitable”.

Esto podría llevar a la NASA a explorar lugares del espacio que hasta ahora estaban descartados para albergar vida, ya que es teóricamente posible la existencia de criaturas superiores a bacterias mucho más cerca de nuestro planeta de lo que se pensaba, ya que nuestros propios océanos están sorprendiéndonos constantemente con nuevas y espectaculares maravillas.

Fuente: Público | NASA

Más indicios de agua en la Luna

Meses atrás una misión de la NASA encontró restos de agua en la Luna. ¿Os acordáis? Ahora, los resultados de la misión india Chandrayaan-1 aportan una prueba más.

La nave lleva acoplado un dispositivo de radar que ha analizado a fondo la superficie lunar. Se ha descubierto que hay varios cráteres (de entre 2 y 15 kilómetros de diámetro) llenos de hielo en el polo norte. Se estima que hay más de 600 toneladas de agua congelada en la zona estudiada.

Estos resultados tan positivos animan a los investigadores a seguir buscando agua en nuestro satélite y, quién sabe, tal vez también indicios de vida.

Fuente: DNA India
Lee más: TimesOnline | US Post Today

XIV. Transferencia de conocimiento

Los retos tecnológicos de los físicos estimulan a los científicos e ingenieros. Los aparatos desarrollados para estas investigaciones básicas encuentran otras aplicaciones y algunos permiten por ejemplo explorar el interior de los volcanes, el cuerpo humano, la corteza terrestre, monitorizar la atmósfera y los océanos…

Para detectar las señales inducidas por los hipotéticos WIMPs, partículas masivas postuladas como posibles constituyentes de la materia oscura, algunos experimentos alojados en laboratorios subterráneos utilizan detectores que trabajan a temperaturas cercanas al cero absoluto y sensibles a variaciones de temperatura de millonésimas de grado. Los laboratorios subterráneos ofrecen también el entorno ideal para medidas de bajas contaminaciones y otras aplicaciones.  Por otro lado, los detectores de rayos cósmicos pueden utilizarse para inspeccionar el interior de volcanes o pirámides, como observatorios oceánicos para estudiar los fondos abisales.

Imagen: El volcán Sarychev en erupción (NASA).

XII. Inundaciones cósmicas

Durante un siglo, el origen de los rayos cósmicos más energéticos ha constituido un misterio. Desde todas las direcciones del espacio, partículas de energías extremas atraviesan el espacio casi a la velocidad de la luz. Identificar las fuentes capaces de acelerar estas partículas a energías millones de veces superiores a las producidas en los mayores aceleradores de la Tierra es uno de los retos de la nueva generación de grandes observatorios.

Los rayos cósmicos colisionan en la alta atmósfera provocando flujos de partículas secundarias llamados ‘cascadas’ o ‘lluvias’ de partículas, que pueden extenderse en superficie a lo largo de decenas de kilómetros cuadrados. Los rayos cósmicos más energéticos se cree que son producidos en los chorros emitidos por los núcleos activos de algunas galaxias y son cazados en observatorios que cubren enormes extensiones de superficie, ya que son muy escasos: uno por kilómetro cuadrado por siglo! En la pampa argentina un bosque de 1600 detectores registra estas partículas secundarias, es el observatorio Pierre Auger. Este nuevo tipo de instrumentación estudia la física de los rayos cósmicos analizando sus interacciones e identificando las direcciones de las que proceden. La misión espacial JEM-EUSO es una colaboración internacional de doce países, liderada por Japón y donde siete países son europeos, que permitirá desde la Estación Espacial Internacional detectar la radiación cósmica a las más extremas energías jamás observadas, en el rango del ZeV (1021 electronvoltios).

Imagen: Astronomy Picture of the Day #608 (NASA)

XI. Gravedad esquiva

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Los fenómenos más violentos, como la formación de agujeros negros, explosiones de supernovas, colisiones de dos estrellas de neutrones, hacen vibrar el espacio-tiempo. Como un eco, las ondas gravitacionales generadas deben invadir todo el Universo. Escuchando estas vibraciones casi imperceptibles, algunos instrumentos ultra sensibles, capaces de detectar fluctuaciones tan pequeñas como la milmillonésima de un diámetro atómico, observan el espacio incansablemente para identificar estas sacudidas del Universo.

Según la Relatividad de Einstein, la presencia de materia curva el espacio-tiempo. Una explosión estelar debería producir ondas gravitacionales, moviéndose a la velocidad de la luz. Una de las posibilidades para detectarlas es colocar en el espacio, en superficie, o bajo tierra interferómetros láser extremadamente sensibles, como el proyecto ET (Telescopio Einstein). Estos experimentos intentan medir con gran precisión el movimiento infinitesimal de masas suspendidas libremente, que podrían revelar la existencia de irregularidades en el espacio-tiempo provocadas por algún lejano cataclismo cósmico o incluso por la gran explosión primordial: el Big Bang.

Imagen: «Choque de dos agujeros negros y la onda gravitacional generada», una simulación de la NASA.

X. Enigmáticos neutrinos

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Ocultos en las profundidades, como miles de ojos, unos detectores de luz escudriñan el fondo oceánico para detectar las imperceptibles estelas que revelen la interacción de neutrinos de alta energía. Estas partículas han atravesado enormes distancias sin ser alteradas por el medio intergaláctico llegando hasta la Tierra. Una mínima fracción podrá ser detectada bajo el océano permitiendo desvelar algunos de los secretos más candentes del Universo.

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La supernova de 1987 fue la primera oportunidad de detectar neutrinos procedentes de una fuente lejana. Emitidos desde el mismísimo corazón de las estrellas, estas partículas nos permiten tener acceso a algunos de los procesos más violentos del Universo como las supernovas (vista aquí en rayos gamma), agujeros negros… Esta nueva ventana al Universo está limitada por la débil interacción de los neutrinos con la materia. Detectar los muones inducidos por esta interacción requiere enormes detectores en profundidad para estar blindados de la radiación cósmica que existe en superficie. El océano ofrece un entorno ideal para distribuir miles de detectores de luz. Con un volumen de un kilómetro cúbico, el telescopio submarino KM3NeT será capaz de detectar cientos de eventos al año.

Imágenes: «Telescopio KM3NeT» (AspERA) y «Supernova SN1987A» (NASA).