¿No hay tema? ¡Ponme una caña!

El mundo animal es alucinante. Cuando crees que lo has visto todo, entonces llega una noticia como ésta que te deja flipando pepinillos.

Era ya sabido que el sexo se utiliza en muchas especies como recompensa por un buen comportamiento. Un ratón aprende a seguir el camino correcto en un laberinto si al final del mismo le espera una ratoncita dispuesta a pasar una noche loca (esto es cierto). El ratón aprende que si sigue ese camino otras veces, tendrá su recompensa al llegar al final. Detrás de todo esto hay un montón de efectos neurológicos que se han estudiado.

Lo sorprendente no es esto. Lo realmente alucinante no somos los únicos que nos emborrachamos tras un desengaño amoroso. Biólogos de la UCSF han demostrado que si a unas sencillas moscas de la fruta se les priva de actividad sexual, entonces el cerebro genera un neuropéptido que las hace más propensas al consumo de alcohol.

Esto hace que las moscas, tras una situación desagradable (el ser rechazadas), tengan una recompensa (la toma de alcohol). ¿Curioso, no?

Fuente: Science, 2012, 335, 1309 (editorial) y 355, 1351 (artículo original).
Imagen: ©Kukuxumusu

Antimosquitos serendípico

Como recordaréis, la serendipia es un hallazgo científico que se hace «por casualidad». Un antimosquitos serendípico es, por ende, un repelente de insectos que ha sido hallado mientras los descubridores estaban ocupados buscando otra cosa.

En este caso, unos investigadores de la Universidad de Vanderbilt (Tennessee, EE.UU.) estaban estudiando métodos para evitar la propagación de la malaria. Esta enfermedad, causada por un bichito llamado Plasmodium suele transmitirse por picotazos de mosquitos.

Durante sus investigaciones, se percataron de que uno de los compuestos químicos que estudiaban inhibía el sentido del olfato de los mosquitos y de otros muchos insectos. Esto ocurre gracias a que el olfato de los insectos no es como el de los mamíferos.

Ellos tienen varios receptores (RO) unidos a un co-receptor (una centralita) que los gestiona llamado coRO. Cada receptor siente un olor distinto. La molécula que estudiaban resulta que interacciona fuertemente con el coRO (la centralita), mandando una señal al cerebro que equivale a miles de olores a la vez. Esto sobrecarga el sistema tanto que, por ejemplo, la capacidad de encontrar sangre de un mosquito se ve drásticamente reducida.

De momento, han patentado el compuesto (por si las moscas…) y esperan que pueda tener una aplicación en lo que originalmente se investigaba: evitar la propagación de la malaria.

Fuente: Elmundo.es
Imagen: Elaboración propia
Artículo original: Jones, P.L. et al. PNAS, 2011, ASAP. DOI: 10.1073/pnas.1102425108 (clic para descargar el artículo completo en PDF)