¿Qué hay en nuestras células? (II)

En la primera entrega de ¿Qué hay en nuestras células? dejamos algunos cabos sueltos. ¿Dónde se guarda la información genética? ¿Dónde se produce toda la energía que necesita una célula para vivir? La respuesta llega en este segundo artículo en el que abordamos el núcleo de la célula, las mitocondrias y la molécula de ATP.

  • El núcleo: es quizás la parte más segura y protegida de la célula. Sólo se puede entrar a través de unos pequeños poros y  acompañado de unas proteínas especiales (importinas y exportinas). Todo para tener a buen recaudo el preciado DNA. Como sabréis, el DNA (una cadena de unos 3.000 millones de pares de «letras») guarda toda nuestra información genética. Las instrucciones sobre cómo somos, cómo tienen que sintetizarse las proteínas, cómo debe vivir la célula, cómo y cuándo debe reproducirse… Incluso tiene instrucciones sobre la llamada «apoptosis» o muerte celular programada. Si algo marcha mal en la célula, el DNA inicia la autodestrucción. Por eso, la membrana que rodea el núcleo es muy difícilmente accesible.
  • Las mitocondrias: son la central energética de la célula. Producen una serie de reacciones químicas y electroquímicas complejas que en resumen, obtienen la energía de quemar glucosa con oxígeno. Luego, toda la energía producida se almacena (en forma de una molécula llamada ATP) y se reparte allá donde hace falta. También están protegidas por una membrana propia para evitar que se cuelen en su interior sustancias que pudieran dificultar su tarea.

    mitocondrias
    Mitocondrias (ampliadas 35.000 veces)
  • El ATP: la moneda de energía. Las mitocondrias fabrican la moneda y el resto de la célula la utiliza en los procesos costosos. La energía se almacena en forma de unos enlaces químicos llamados anhídridos fosfóricos. Cuando se necesita la energía, basta con romperlos para liberarla y poder aprovecharla.

En las células hay muchas más cosas, pero explicarlas todas requiere libros y libros de Biología Celular. Estad atentos porque quizás dentro de un tiempo volvamos a hablar de lo que pasa dentro de esas microscópicas piezas de las que estamos hechos.

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Nota: los artículos hablan de lo que hay en las células humanas y animales. En otro tipo de células la organización básica es la misma pero los tipos de orgánulos pueden variar: muchos microorganismos no tienen núcleo, por ejemplo.

¿Qué hay en nuestras células? (Parte I)
¿Qué hay en nuestras células? (Parte II)

¿Qué hay en nuestras células?

Como sabréis, estamos hechos de millones y millones de pequeñas células. Pero, ¿qué tenemos dentro de nuestras células? En este artículo vais a encontrar un pequeño resumen de (casi) todo lo que hace que seamos como somos y que las células funcionen a las mil maravillas.

  • La membrana: es una capa de moléculas de lípidos (grasas) que rodean y delimitan la célula. Se encarga de aislarla del exterior y controla todo lo que entra o sale de ella.
  • Citosol: es el líquido que queda dentro de la membrana. Mayoritariamente es agua, pero también tiene disueltas proteínas, iones, ácidos nucleicos… En el citosol hay unos microfilamentos proteicos que mantienen la forma de la célula. Es el llamado citoesqueleto. Además, también puede utilizarse como una cinta transportadora de moléculas de un sitio a otro de la célula.
  • Lisosomas: son orgánulos (estructuras rodeadas de su propia membrana) que se encargan de digerir la comida de la célula. Destruyen proteínas, grasas y glúcidos a pequeños trocitos que puedan después ser procesados. También se encargan de degradar las estructuras «viejas» de la célula para reaprovechar sus unidades básicas (como tirar una casa vieja y utilizar sus ladrillos en una nueva).
  • Ribosomas: son unas mini-máquinas con forma de seta capaces de sintetizar proteínas en muy poco tiempo. Leen el código genético y lo traducen al idioma de los aminoácidos y las proteínas.
  • Retículo endoplasmático y aparato de Golgi: son unas membranas laberínticas que se encargan de procesar y madurar las proteínas que han sintetizado los ribosomas. Son el control de calidad. Retocan los últimos detalles para que no se creen proteínas defectuosas. Además, el aparato de Golgi se encarga de la distribución de las proteínas. Ha de enviar cada una a su destino sin fallos y no es sencillo: hay muchas proteínas y muchos destinos…

Y aún quedan las partes más importantes de nuestra célula, todavía no sabemos nada del DNA ni de cómo se mantienen con vida y energía las células. Estad atentos al blog, a Twitter o a nuestro nuevo club de fans en Facebook porque la segunda parte de ¿Qué hay en nuestras células? se publicará muy pronto.

Extremófilos: la vida al límite

Si hace poco Greco nos descubría unos organismos del Mediterráneo capaces de sobrevivir únicamente con sulfuro de hidrógeno y la famosa gamba que no se congela en la Antártida, hoy me he topado en Science con unos microbios que se mantienen con vida a ochenta grados bajo cero.

Los “extremófilos” (seres vivos que aguantan condiciones extremas) se conocen desde hace tiempo. Las bacterias que viven cerca de aguas volcánicas calientes están adaptadas para soportar temperaturas de hasta 120 ºC. Lo que no se sabía es que hay bacterias (e incluso hongos, como los que son objeto de esta investigación) que pueden aguantar temperaturas tan bajas. Eso sí, lo hacen con una pequeña ayudita química.

La ayudita son unas disoluciones especiales llamadas caotrópicas que favorecen el desorden de las macromoléculas (DNA, proteínas, estructuras membranosas…) que constituyen las células. Se consigue con ellas que no se congele el agua en el entorno de la célula y, además, que ésta sea capaz de seguir viva en vez de quedarse rígida como un cubo de hielo por efecto de la congelación.

El experimento llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Belfast ha consistido en cultivar unas esporas de hongo resistentes a la temperatura en dos ambientes distintos: uno caotrópico y otro cosmotrópico (que provoca el efecto contrario). A 30 ºC, el crecimiento era similar en los dos casos. A 2 ºC, el crecimiento era mayor en ambientes caotrópicos. Ya a -80 ºC se producía la muerte celular pero, mientras que en la disolución cosmotrópica morían un 60% de las células, en el medio caotrópico sólo el 5% quedaban sin vida, el otro 95% sobrevivía.

Una vez más, la Ciencia descubre más ambientes habitables más allá de los hasta hace poco conocidos y abre más lugares (en la Tierra y fuera de ella) donde buscar otras formas de vida.

Fuente: Science

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