Cuándo echar la sal a los macarrones

Cuando estáis preparando una cazuela para hacer los macarrones, ¿cuándo echáis la sal? ¿Antes o después de que el agua hierva? Lo más lógico es hacerlo después, y en Electrones os explicamos por qué.

El agua, como muchos disolventes, experimenta un fenómeno físico conocido como ascenso ebulloscópico cuando tiene sales disueltas. Al formar disoluciones, su temperatura de ebullición aumenta. Por lo tanto, si echamos la sal antes de que hierva tardará más en hacerlo, porque tendrá que alcanzar una temperatura más alta.

Del mismo modo, cuando se forman disoluciones de sales en agua el punto de fusión disminuye (lo que se conoce como descenso crioscópico). Por eso cuando quiere evitarse que se hielen las carreteras se echa sal: para que el agua se vuelva hielo a una temperatura muy inferior. Así, al lanzar el cloruro de sodio (sal común) sobre las placas de hielo conseguiremos que éstas se derritan.

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Fotos: Araceli Paz y Mcallan.

¿Es posible fundir vidrio enfriándolo?

Como sabéis, el vidrio puede fundirse y moldearse calentándolo. Es el arte del soplado. Seguro que lo habéis visto en ferias medievales y de artesanía. Lo que quizás no sabríais es que, hoy en día, hay sopladores de vidrio trabajando en casi todos los centros de investigación. Se dedican a arreglar casi todas las piezas que se nos caen al suelo a los científicos.

Pero lo que es aún más increíble es lo que han descubierto el Dr. Thomas E. Markland y sus colaboradores de la Universidad de Columbia (NY): el vidrio puede fundirse también a temperaturas cercanas al cero absoluto (273 grados bajo cero).

No es el único fenómeno extraño que ocurre a tan bajas temperaturas, recordad que algunos metales, por ejemplo, dejan de presentar resistencia al paso de la corriente si se enfrían lo suficiente.

Por lo visto, la pérdida del estado sólido se ha descubierto gracias a la introducción en los cálculos de unos parámetros cuánticos que no habían sido tenidos en cuenta anteriormente. A temperaturas cercanas al cero absoluto los átomos (partículas) empiezan a comportarse como ondas y vibran, convirtiéndose así en un fluido. De momento no ha podido comprobarse de manera empírica pero sí se han realizado unos cálculos por ordenador que justifican bastante bien las predicciones teóricas.

Un estudio completo puede encontrarse en el artículo publicado en Nature Physics (2011, 7, 134).

Fuente: New Scientist