¿No hay tema? ¡Ponme una caña!

El mundo animal es alucinante. Cuando crees que lo has visto todo, entonces llega una noticia como ésta que te deja flipando pepinillos.

Era ya sabido que el sexo se utiliza en muchas especies como recompensa por un buen comportamiento. Un ratón aprende a seguir el camino correcto en un laberinto si al final del mismo le espera una ratoncita dispuesta a pasar una noche loca (esto es cierto). El ratón aprende que si sigue ese camino otras veces, tendrá su recompensa al llegar al final. Detrás de todo esto hay un montón de efectos neurológicos que se han estudiado.

Lo sorprendente no es esto. Lo realmente alucinante no somos los únicos que nos emborrachamos tras un desengaño amoroso. Biólogos de la UCSF han demostrado que si a unas sencillas moscas de la fruta se les priva de actividad sexual, entonces el cerebro genera un neuropéptido que las hace más propensas al consumo de alcohol.

Esto hace que las moscas, tras una situación desagradable (el ser rechazadas), tengan una recompensa (la toma de alcohol). ¿Curioso, no?

Fuente: Science, 2012, 335, 1309 (editorial) y 355, 1351 (artículo original).
Imagen: ©Kukuxumusu

Los efectos del LSD

La dietilamida del ácido lisérgico (LSD) la sintetizó, en 1938, Albert Hofmann. Fue él también el que descubrió, pocos años después, sus efectos psicológicos (que incluyen sinestesia, alucinaciones, alteraciones en la percepción del tiempo…).

Fue una droga común del movimiento hippy de los años sesenta. De hecho, se dice que los Beatles bautizaron Lucy in the Sky with Diamonds en honor a la LSD (aunque John Lennon lo desmintiera).

Pero antes de eso, en los años cuarenta y cincuenta, en EE.UU. se estudiaron sus aplicaciones en medicina y los efectos de las diferentes dosis de la droga. Y el otro día gracias a Twitter (vía @jamaldols y @mazaguaritox) encontré un artículo en el que hablaban de uno de los experimentos que se llevaron a cabo. Consistía en administrar a un dibujante dosis de LSD y observar cómo evolucionaban sus alucinaciones a través de los dibujos que realizaba cada 20-30 minutos.

Tras 100 microgramos (millonésimas de gramo) y un par de horas, éste era el resultado: