La física del café

Seguro que muchos de vosotros tomáis más de un café al día. La cafeína que contiene nos ayuda a estar más despiertos, realmente es como una minidosis de anfetaminas. De hecho, si nos pasamos de la raya, podríamos incluso morir. Para una persona de 70 kilos, 98 tazas de café serían letales (ver Death by Caffeine).

Pero éste no ha sido el problema que se han planteado en la Universidad de California en Santa Bárbara. Por lo visto sus preocupaciones sobre el café tienen un aspecto más físico que biológico. Cuando vas por el pasillo con una taza de café llena hasta los topes, es posible que acabes derramando un poco antes de llegar a tu mesa o, lo que sería peor, justo encima de tu ordenador.

Foto: H.C. Mayer / R. Krechetnikov

Entonces, en un gran congreso de Mecánica de Fluidos, un profesor y su estudiante de doctorado decidieron usar a los mayores expertos del mundo en esta fascinante rama de la Física como conejillos de indias. Tenían que pasearse con una taza llena hasta los topes mientras una cámara los grababa. El simple movimiento de la persona andando hace que el café oscile y, en algún momento, esta oscilación alcanza la frecuencia necesaria para que el líquido salga de la taza y se derrame por el suelo.

Los físicos encontraron soluciones al problema, la mayoría de ellas de perogrullo como llenar menos la taza o andar más despacio. En los comentarios de la noticia hay quien dice que con meter una cuchara basta para que no caiga ni una gota fuera en el camino. Pero por lo visto se lo pasaron piruleta haciendo las pruebas.

Otros se toman los resultados (publicados en Physical Review E y destacados en Science, nada menos) mucho más en serio. Estos experimentos y los modelos matemáticos que pueden crearse a partir de ellos podrían «ayudar a los fabricantes de tazas a crear nuevos recipientes más seguros».

Vosotros, ¿qué opináis? ¿Física de alto nivel o unos doctorandos aburridos? Entre tanto, os dejo este gracioso vídeo con el café que me pasó mi amigo Juan que, precisamente, se dedica a la Mecánica de Fluidos en uno de los centros más punteros de Francia en el diseño de aviones.

Fuente: Science NOW

Los efectos del LSD

La dietilamida del ácido lisérgico (LSD) la sintetizó, en 1938, Albert Hofmann. Fue él también el que descubrió, pocos años después, sus efectos psicológicos (que incluyen sinestesia, alucinaciones, alteraciones en la percepción del tiempo…).

Fue una droga común del movimiento hippy de los años sesenta. De hecho, se dice que los Beatles bautizaron Lucy in the Sky with Diamonds en honor a la LSD (aunque John Lennon lo desmintiera).

Pero antes de eso, en los años cuarenta y cincuenta, en EE.UU. se estudiaron sus aplicaciones en medicina y los efectos de las diferentes dosis de la droga. Y el otro día gracias a Twitter (vía @jamaldols y @mazaguaritox) encontré un artículo en el que hablaban de uno de los experimentos que se llevaron a cabo. Consistía en administrar a un dibujante dosis de LSD y observar cómo evolucionaban sus alucinaciones a través de los dibujos que realizaba cada 20-30 minutos.

Tras 100 microgramos (millonésimas de gramo) y un par de horas, éste era el resultado: