Extremófilos: la vida al límite

Si hace poco Greco nos descubría unos organismos del Mediterráneo capaces de sobrevivir únicamente con sulfuro de hidrógeno y la famosa gamba que no se congela en la Antártida, hoy me he topado en Science con unos microbios que se mantienen con vida a ochenta grados bajo cero.

Los “extremófilos” (seres vivos que aguantan condiciones extremas) se conocen desde hace tiempo. Las bacterias que viven cerca de aguas volcánicas calientes están adaptadas para soportar temperaturas de hasta 120 ºC. Lo que no se sabía es que hay bacterias (e incluso hongos, como los que son objeto de esta investigación) que pueden aguantar temperaturas tan bajas. Eso sí, lo hacen con una pequeña ayudita química.

La ayudita son unas disoluciones especiales llamadas caotrópicas que favorecen el desorden de las macromoléculas (DNA, proteínas, estructuras membranosas…) que constituyen las células. Se consigue con ellas que no se congele el agua en el entorno de la célula y, además, que ésta sea capaz de seguir viva en vez de quedarse rígida como un cubo de hielo por efecto de la congelación.

El experimento llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Belfast ha consistido en cultivar unas esporas de hongo resistentes a la temperatura en dos ambientes distintos: uno caotrópico y otro cosmotrópico (que provoca el efecto contrario). A 30 ºC, el crecimiento era similar en los dos casos. A 2 ºC, el crecimiento era mayor en ambientes caotrópicos. Ya a -80 ºC se producía la muerte celular pero, mientras que en la disolución cosmotrópica morían un 60% de las células, en el medio caotrópico sólo el 5% quedaban sin vida, el otro 95% sobrevivía.

Una vez más, la Ciencia descubre más ambientes habitables más allá de los hasta hace poco conocidos y abre más lugares (en la Tierra y fuera de ella) donde buscar otras formas de vida.

Fuente: Science

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