Biocombustible a base de termitas

Quizás recordéis un artículo sobre el pececillo de plata. Dicho bichito es peculiar porque es capaz de sintetizar celulasa, un enzima que puede romper la celulosa (plantas, papel, madera…) en sus fragmentos de glucosa y a partir de ésta obtener energía.

En ese artículo hablábamos también de lo raro que es que un organismo sintetice sus propias celulasas. De hecho, la mayor parte de seres vivos que se alimentan de vegetales la digieren gracias a enzimas que producen bacterias que viven en sus intestinos. Pero existen, como digo, excepciones. Y una de ellas es la termita marina o «gribble«.

Durante años ha sido la pesadilla de los marineros porque destrozaba las estructuras de los barcos. Pero ahora muchos investigadores (ingleses, sobre todo) le han echado el ojo. La celulosa es el polímero más abundante del mundo. Que el gribble la degrade a azúcar es el primer paso para su posible utilización como biocombustible. Este azúcar es fácilmente convertible a alcohol y éste es la base de los biocombustibles (muy usados en países como Brasil) por un proceso de fermentación alcohólica (como el de la fabricación del vino o la cerveza).

Lógicamente, la idea no es usar madera para degradarla a biocombustible (de ser así apañados iban los bosques) sino aprovechar los desechos de paja, trigo, cebada y otros cereales que no son usados en alimentación.

Una idea para el futuro es preparar catalasas sintéticas en cantidades industriales (hasta ahora sólo se ha producido a escala de laboratorio) para que seamos capaces de degradar tejidos vegetales a glucosa (y a etanol, por tanto) sin tener que recurrir al amigo gribble directa o indirectamente (extrayendo de él la enzima).

Fuente: BBC Mundo
Imágenes: Wikimedia Commons y elaboración propia

El pececillo de plata

Hace poco en Bioquímica hablábamos de los Glúcidos y yo comenté algo del pececillo de plata, ese bichito que sí puede digerir celulosa por sí mismo (sólo él y cierto moluco pueden hacerlo, el resto de organismos que se alimentan de ella -rumiantes, insectos xilófagos, etcétera- viven en simbiosis con bacterias que la digieren) y Salvador me pidió que contara algo más sobre el pececillo en cuestión. Y por fin le he hecho caso. Mirando un poquito en Wikipedia encontré información sobre el animalito.

El pececillo de plata sorprendentemente no es un pez, es un insecto (Lepisma saccharina) muy difícil de observar ya que huye de la luz. Suele vivir en ambientes húmedos como las grietas de edificios antiguos o baños y, como se alimenta de polisacáridos, entre montones de papel puede encontrar su paraíso terrenal. Cuando tiene hambre puede llegar a digerir algunos polímeros sintéticos de la ropa o incluso comerse su propia muda de piel. El hecho de que sea capaz de digerir la celulosa se debe a que puede sintetizar celulasa, la enzima que permite romper los enlaces ß(1-4) y separar las glucosas del polímero.

Copio literalmente de la Wikipedia las formas de eliminarlo, ya que me han parecido muy curiosas (sobretodo la que está en negrita):

  • Una mezcla a partes iguales de bórax y azúcar es un buen cebo para matar al pececillo de plata.
  • El olor de una solución de cloruro amónico hará que el pececillo de plata se aleje durante unas 24 horas.
  • Para capturar al pececillo de plata, rocíe yeso en un paño mojado de algodón blanco, póngalo en una esquina durante la noche, cerca del escondite del pececillo de plata.
  • Otra forma útil de capturar al pececillo de plata es poner una patata rallada en una losa cerca de su escondite durante la noche. El pececillo de plata excavará en la patata para comer. A la mañana siguiente se podrá deshacer de la patata junto con el pececillo de plata en su interior.
  • Con sprays a base de permetrina al 0.25% que además de matar cucarachas, hormigas y pulgas también eliminan al pececillo. Hay que pulverizar la casa y objetos y conviene esperar 12 horas antes de volver a entrar para no intoxicarse.

Bueno, espero que os haya gustado el breve artículo sobre el animalito en cuestión. Se lo merece, que no todos los animales pueden digerir celulosa.