Censando pingüinos

En las noticias se oyen muchas veces titulares como «cada vez hay menos ejemplares de lince ibérico» o «por culpa del calentamiento global el número de osos polares esta disminuyendo». ¿Cómo saben eso? ¿Cómo los cuentan? Bien, en este artículo no hablaremos de linces ni de osos polares. Vamos a centrarnos en cómo cuentan a los pingüinos, porque me ha parecido mucho más curioso.

 

Resulta que, lógicamente, ir a la Antártida es complejo (y si no que le pregunten a Carlos Pobes) y no quiero imaginar lo complicado que debe ser pasearse por ahí contando pingüinos. Entonces, lo que hacen los Biólogos que se dedican a esto es tomar fotos de satélites donde pueden verse las colonias de pingüinos y contar puntitos negros.

De todas formas la cosa no es tan fácil como suena. Hay que tratar todas las imágenes con una especie de filtro de Photoshop llamado ‘pansharpening‘ (lit. afilar o agudizar todo) que ayuda a distinguir qué manchas son animales de cuáles son sombras o guano. Una vez hecho esto, la imagen se va marcando, como se había hecho hasta ahora con fotos más cercanas, hasta que se han contado todos los pingüinos que han posado para la foto.

Se ha calculado que ahora mismo hay unos 595.000 pingüinos (más menos 81.000, un 14%) y que se organizan en unas 44 grandes colonias como las de la foto. Gracias a esta técnica, será más fácil estudiar de un modo continuo las poblaciones de estos animales y poder determinar con mayor precisión si el calentamiento de los polos les está afectando.

Fuente: Science NOW ScienceShot

Cazando neutrinos

Alguna vez en Electrones os hemos hablado de neutrinos.De hecho, hace no mucho, os hablamos de una instalación en Italia que se encarga de medir la velocidad que llevan. Pero, ¿para qué narices sirven?

Los neutrinos son unas partículas que llegan a la tierra desde el espacio, procedentes de reacciones nucleares que se producen en el corazón de las estrellas y otros procesos violentos como explosiones de supernovas. Es muy difícil detectar los neutrinos, ya que interaccionan muy poco con la materia. Para ello se desarrollan detectores especiales como el KM3NET, un detector enorme de un kilómetro cúbico de volumen bajo el océano, o el ICECUBE, un detector que se sumerge hasta 2,4 kilómetros de profundidad en el hielo antártico. Estos detectores están equipados de sensores de luz ultrasensibles, dado que los neutrinos, al chocar con la materia (como el agua del océano o el hielo de la Antártida) generan un pequeñísimo destello.

Estudiar la procedencia de los neutrinos es interesante porque puede ayudarnos a comprender mejor la historia de nuestro universo. Pero, ¿quién hay en el polo Sur, detectando neutrinos?

Carlos Pobes, en el Polo Sur geográfico
Carlos Pobes, en el Polo Sur geográfico

Quizás recordéis, por un espectáculo y un especial del blog que preparamos juntos, a Carlos Pobes, doctor en Física. Este joven físico se ha lanzado a la aventura y se fue el diciembre pasado a la Antártida, a trabajar con un equipo de la Universidad de Wisconsin-Madison en el detector ICECUBE. Es el primer tercer español que va a pasar el invierno polar en la base. Igual os suena de haberlo visto recientemente en el programa Desafío Extremo (Cuatro), presentado por Jesús Calleja.

Como yo no soy un experto en neutrinos, no me atrevo a explicaros mucho más. Carlos quizás nos escriba un artículo cuando tenga algo de tiempo, pero mientras tanto, os animo a visitar un blog que lanzó (y actualiza muy frecuentemente) para contar sus andanzas en tierra de pingüinos y neutrinos. Daos una vuelta por «El día más largo de mi vida» y admirad las fotos del paisaje, leed los artículos con interés y curiosead qué comen en el polo cuando están totalmente aislados del mundo.

Gamba bajo el hielo vivita y coleando

Atentos a este vídeo:

Esto no pasaría de una imagen curiosa si no fuera porque la escena ocurrió a 200 metros por debajo de la capa de hielo de la Antártida Occidental, bajo unas condiciones de temperatura y presión semejantes a las que puede encontrarse, por ejemplo, en algunas de las lunas de Júpiter.

Un equipo de la NASA estaba realizando una exploración de las profundidades marinas bajo el hielo antártico con una cámara de perforación. Ésta enfocaba hacia arriba, de espaldas al taladro que se hacía camino a través del hielo, cuando apareció nadando este crustáceo anaranjado de unos 8 centímetros de tamaño.

Este primo lejano de los camarones se ha denominado Lysianassid amphipod, y es un miembro de la familia Lysianassidae del orden de los Amphipoda (del griego amphí, «de un lado y otro» y podós, «pie»), o anfípodos. Los anfípodos incluyen más de 7000 especies de criaturas con exoesqueletos, similares a las gambas, de los que ya se conocía la existencia de ejemplares en aguas antárticas.

Entonces, ¿qué tiene de especial el Lysianassid amphipod? Pues simplemente que no se esperaba encontrarlo ahí. Los científicos sólo esperaban ver bacterias, así que, cuando el anfípodo se estacionó en el cable de la cámara, éstos no daban crédito a lo que veían.

Hasta ahora, la comunidad científica ha trabajado bajo el supuesto de que la vida, tal y como la conocemos, sólo es posible dentro de una banda muy limitada de condiciones y factores ambientales. Se creía que nada más grande que una bacteria podría sobrevivir en ambientes tan extremos, pero este descubrimiento está obligando a reconsiderar la definición de “habitable”.

Esto podría llevar a la NASA a explorar lugares del espacio que hasta ahora estaban descartados para albergar vida, ya que es teóricamente posible la existencia de criaturas superiores a bacterias mucho más cerca de nuestro planeta de lo que se pensaba, ya que nuestros propios océanos están sorprendiéndonos constantemente con nuevas y espectaculares maravillas.

Fuente: Público | NASA