¿Qué es un año luz?

Seguramente, si leéis a menudo sobre Astronomía, habéis oído hablar de «años luz». Es una unidad de distancia que equivale a la distancia que recorre la luz en un año.

velocidad de la luz

Como sabéis, la luz viaja a unos 300.000 kilómetros por segundo. Un año tiene 31.556.926 segundos. Si multiplicamos, vemos que, en un año, la luz recorre 9,46 billones de kilómetros.

La estrella más cercana a la Tierra (después del Sol) es Próxima Centauri, situada a una distancia de 4,22 años luz. Eso quiere decir que, si por algún motivo la estrella se apagase, tardaríamos 4,22 años en verla apagada, porque ése es el tiempo que le cuesta a la luz llegar desde ahí.

El Sol está situado a 150.000.000 kilómetros. A esa distancia, si de pronto se apagara, tan sólo tardaríamos 8 minutos en verlo.

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VII. En el corazón de las estrellas

Hornos termonucleares, fábricas de partículas, las estrellas nos envían incesantemente un increíble número de mensajeros. Sólo la luz de su superficie es accesible a nuestros telescopios, sin embargo, algunas partículas como los neutrinos vienen directamente del corazón de las estrellas permitiéndonos desvelar sus más íntimos secretos.

De interacción débil con la materia, neutros y con una masa minúscula, millones de neutrinos cósmicos nos atraviesan constantemente. Protegido por la radiación producida por otras partículas, el experimento Borexino caza neutrinos procedentes del Sol en las profundidades de un laboratorio subterráneo. Emitidos casi instantáneamente por el Sol, al contrario que los fotones, que salen de la estrella tras un tortuoso camino que puede durar un millón de años, los neutrinos nos informan sobre las reacciones termonucleares que los producen. Este tipo de experimentos, nos permiten estudiar también neutrinos producidos en el interior de la Tierra por desintegraciones radioactivas o comprender mejor las misteriosas propiedades de estas partículas, tales como su naturaleza oscilante.

VI. …y desde cataclismos cósmicos

Explosiones de supernovas, púlsares, núcleos galácticos activos, agujeros negros… El Universo está poblado de fenómenos de extrema violencia que producen partículas de una energía colosal y que nos bombardean a velocidades cercanas a la de la luz. Estos mensajeros nos revelan los mecanismos íntimos de estos auténticos monstruos cósmicos.

En el año 1006, surgió en el cielo una estrella que era visible durante el día y superó el brillo de Venus en la noche: era una supernova, la explosión de una estrella 7000 años antes, que dejó en el cielo una esfera en expansión de 60 años luz de diámetro, todavía hoy observable. En 2003 el telescopio HESS hizo el primer mapa en rayos gamma de los restos de otra supernova que apareció en la constelación de Escorpio en el año 393. Estas observaciones han demostrado que estas explosiones de estrellas generan partículas cargadas que son aceleradas a muy altas energías y que pueden ser el origen de parte de la radiación cósmica en nuestra galaxia.

En Electrones ya hablamos de la Supernova 1006 hace un año y medio. ¿Te acuerdas?

Imágenes: «Imagen compuesta de la supernova 1006», de CXC/NRAO/NOAO/AURA/Ciel et Espace-NASA y «Restos de una supernova en rayos gamma», del telescopio HESS (High Energy Stereoscopic System) en Namibia.

El Hubble fotografía la Supernova 1006

El telescopio espacial Hubble ha fotografíado en los últimos días (la noticia de la NASA es de ayer) los restos de una supernova que explotó hace unos 8000 años. Como la supernova está a unos 7000 años-luz de la Tierra, aquí se vio la explosión durante el año 1006 de la era cristiana. Ya entonces, varios astrónomos de todo el globo observaron el fenómeno. La emisión de energía fue tal que la supernova fue el objeto más brillante del firmamento (tras el Sol y la Luna) durante varias semanas y, claro, eso llama bastante la atención. ¿Qué pensaría la gente del siglo XI? ¿Cómo explicarían esa luz en el cielo que incluso de día se veía?

La fotografía del Hubble muestra como, pasados 1000 años desde la destrucción de la supernova, la energía que emite sigue siendo considerable. La capa de expansión se mueve a una velocidad de 10 millones de kilómetros por hora (casi nada). Vale que seguramente y por diversos motivos (cercanía a nuestro planeta, energía de explosión, etc.) «haya sido la supernova más brillante» -según Alfred Rosenberg, asesor del Instituto de Astrofísica de Canarias– pero eso no le quita espectacularidad al fenómeno. Es una pasada lo que nos sorprende cada día el Universo.

De paso, y aunque yo suelo poner alguna que otra foto del Hubble, no dejéis de visitar frecuentemente su web. O incluso, ahora que es verano y hay más tiempo, echar un ojo a las fotos del archivo. ¡Merecen la pena!

Un abrazo

Fernando