Argón: el gas perezoso

El argón es un gas noble y como tal, poco reactivo y muy estable. Está presente en nuestra atmósfera siendo el gas más abundante tras nitrógeno (78%) y oxígeno (21%). Supone aproximadamente un 1% del aire que todos respiramos. Pero poco se supo de él hasta finales del siglo XIX.

En 1785, Cavendish, gran estudioso de los gases observó que había una sustancia más en el aire aparte de nitrógeno y oxígeno que no conseguía identificar, pero que no se quemaba como nitrógeno para dar vapores grises y cobrizos.

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Más tarde, Lord Rayleigh (físico que trabajó en termodinámica, mecánica de fluidos, luz, magnetismo, transmisión del sonido…) estudió las densidades de muestras de nitrógeno de distinta procedencia. Una, nitrógeno aislado de la atmósfera (de la que se eliminaba el oxígeno con cobre al rojo vivo). Otra, nitrógeno obtenido por descomposición térmica de nitratos (al calentarse liberan el gas). Observó que las muestras de la atmósfera eran algo más densas que las obtenidas químicamente. Las segundas tenían que ser muy puras, porque sabía que al calentar las sales sólo se desprendía nitrógeno. Entonces, algo pesado aumentaba la densidad de las muestras atmosféricas. Identificó ese “algo” como argón, un gas inerte (que apenas reacciona) más pesado que el nitrógeno.

Su nombre procede del griego, significa “vago, perezoso” por su pereza a reaccionar con otras sustancias.

Aunque tras su descubrimiento los científicos se mostraron escépticos ante la existencia de un gas tan poco reactivo y sin embargo tan abundante, Lord Rayleigh recibió en 1904 el Premio Nóbel de Física por descubrir el argón y sus trabajos en el estudio de los gases inertes o “gases nobles“.