¿No hay tema? ¡Ponme una caña!

El mundo animal es alucinante. Cuando crees que lo has visto todo, entonces llega una noticia como ésta que te deja flipando pepinillos.

Era ya sabido que el sexo se utiliza en muchas especies como recompensa por un buen comportamiento. Un ratón aprende a seguir el camino correcto en un laberinto si al final del mismo le espera una ratoncita dispuesta a pasar una noche loca (esto es cierto). El ratón aprende que si sigue ese camino otras veces, tendrá su recompensa al llegar al final. Detrás de todo esto hay un montón de efectos neurológicos que se han estudiado.

Lo sorprendente no es esto. Lo realmente alucinante no somos los únicos que nos emborrachamos tras un desengaño amoroso. Biólogos de la UCSF han demostrado que si a unas sencillas moscas de la fruta se les priva de actividad sexual, entonces el cerebro genera un neuropéptido que las hace más propensas al consumo de alcohol.

Esto hace que las moscas, tras una situación desagradable (el ser rechazadas), tengan una recompensa (la toma de alcohol). ¿Curioso, no?

Fuente: Science, 2012, 335, 1309 (editorial) y 355, 1351 (artículo original).
Imagen: ©Kukuxumusu

2 opiniones en “¿No hay tema? ¡Ponme una caña!”

  1. Los mecanismos de recompensa cerebrales están detrás de las adicciones, y son similares (si bien no idénticos) en cualquiera de ellas, bien sean farmacológicas, sexuales o psicológicas. Es importante investigar en profundidad estos mecanismos porque permitirá encontrar tratamientos mejores para enfermedades tan dispares como la obesidad (que en parte se debe a que la comida, y sobre todo los azúcares crean una adicción), el tabaquismo o la ludopatía. Por supuesto, ninguna de estas enfermedades responde a mecanismos simples, y su aparición y evolución son consecuencia de una compleja interacción de factores genéticos, bioquímicos, psicológicos y sociales. Pero comparten en muchas ocasiones una mayor facilidad para la adicción. Curiosamente, esta mayor facilidad para la adicción se asocia a veces a una menor capacidad de aprender a corregir los errores, algo que se ha demostrado en el tabaquismo en humanos.

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