Nuestro lector Miguel Ángel (@eliaio) del blog Memoria Residual nos ha cedido este magnífico artículo suyo sobre Leonardo Torres Quevedo, un ingeniero e inventor español creador de cachivaches más que originales allá por los comienzos del siglo XX. Disfrutadlo (y recordad que no hay problema en enviarnos cualquier cosa, si nos gusta, la publicamos encantados).

He oído por la radio que el diez febrero de este año se cumplían quince años de la primera victoria de Deep Blue contra Kasparov. Después de soltar alguna imprecación referente a lo rápido que pasa el tiempo he pensado en máquinas que juegan al ajedrez y no he podido evitar acordarme de Torres Quevedo.
¿Qué quien fue Torres Quevedo? Sencillamente uno de los mas grandes ingenieros de la historia, y español. Por eso prácticamente nadie lo conoce, claro. Y me ha venido a la mente porque ya en 1912 construyó una máquina que jugaba al ajedrez. Pero no solamente tenía fichas movidas por un brazo mecánico y un tablero capaz de saber donde colocaba la pieza el contrario, realmente jugaba y ganaba al ajedrez. Obviamente no jugaba partidas completas, sólo ejecutaba el mate de rey y torre contra rey, pero hay que tener en cuenta que este genio fue capaz con ruedas dentadas e ingenios de este tipo de crear una máquina capaz de aprender el algoritmo del mate y ejecutarlo dependiendo de los movimientos del contrario.
Pero no sólo ésto, Torres Quevedo inventó muchísimas cosas en distintos campos, por ejemplo:
En fin, un auténtico genio que de haber nacido en Nueva York, Londres o París estaría en boca de todos. Pero tuvo que nacer en Molledo, España y por eso pocos saben de su existencia. Hoy en día, por lo menos, hay unas ayudas del Ministerio de Ciencia e Innovación que llevan su nombre.
Más información en: TorresQuevedo.org, una web dedicada al genio.

Cuando estáis preparando una cazuela para hacer los macarrones, ¿cuándo echáis la sal? ¿Antes o después de que el agua hierva? Lo más lógico es hacerlo después, y en Electrones os explicamos por qué.
El agua, como muchos disolventes, experimenta un fenómeno físico conocido como ascenso ebulloscópico cuando tiene sales disueltas. Al formar disoluciones, su temperatura de ebullición aumenta. Por lo tanto, si echamos la sal antes de que hierva tardará más en hacerlo, porque tendrá que alcanzar una temperatura más alta.
Del mismo modo, cuando se forman disoluciones de sales en agua el punto de fusión disminuye (lo que se conoce como descenso crioscópico). Por eso cuando quiere evitarse que se hielen las carreteras se echa sal: para que el agua se vuelva hielo a una temperatura muy inferior. Así, al lanzar el cloruro de sodio (sal común) sobre las placas de hielo conseguiremos que éstas se derritan.

Si tienes dudas, pregúntanos en Formspring o mándanos un reply en Twitter (@Electrones). Te contestaremos encantados.
Fotos: Araceli Paz y Mcallan.
Un nuevo toque al blog, más moderno y minimalista, pero el mismo espíritu de siempre. Aquí vas a encontrar divulgación científica accesible desde cualquier punto del mundo así como las últimas noticias referentes a la Ciencia y la Tecnología.