La redención de Vinokourov
Desaparecido dos años y apaleado por la prensa tras su positivo, Vinokourov ha vuelto a la competición. Y lo ha hecho de la mejor forma posible. Después de hacerse con el Giro del Trentino, el ciclista de Astaná rompió todos los moldes venciendo en Lieja por delante de todos los favoritos y mostrando la calidad que le elevó a su condición merecida de crack mundial.
El monumento del ciclismo no decepcionó. Llegados a la parte determinante de la carrera, todos los favoritos se encontraban en cabeza y nada estaba decidido. En ese momento, al pie de la “Rouche aux Faucons”, atacó brutalmente Andy Schleck, con la misma fuerza que el año pasado pero resultado distinto. Gilbert, impresionante en el tríptico, respondió al instante y Contador no tardó en sumarse, lo que anuló el ritmo y permitió la reagrupación.
Un parón como ese suele ser escenario idóneo para ataques de los segundos espadas. Y efectivamente así ocurrió. Vinokourov arrancó con potencia y Kolobnev, magnífico corredor en estas carreras de un día, saltó a su rueda. Ambos adquiereron una ventaja relevante, ya que no quedaban gregarios en el grupo principal y sólo la ambición de las figuras podía poner en riesgo su escapada. Y si hoy por hoy queda alguien sobrado de ella, ese es Valverde. Sin poder disputar la Amstel por la nube volcánica, llegó a la Flecha falto de forma y “sólo pudo conseguir” el octavo puesto, pero advirtió que estaba listo. Además, enrabietado por la tan presumible como injusta sanción, Alejandro no da respiro a sus piernas y explota el calendario, sabedor de que puede estar gozando de sus últimas carreras este año.
Así pues, magullado tras una caída, “Balaverde” partió en busca de los soviéticos y un pletórico Gilbert le siguió. Al cabo se les uniría Evans, conformando un grupo de calidad a priori mayor y que invitaba a confiar en la caza. Pero surgieron las dudas y las ansias de reservarse, principalmente en Gilbert y Evans, conservador por naturaleza, lo impidieron. Los ciclistas que lideraban, fieles a la escuela del este, no vacilaron y ni les hizo falta mirarse para entenderse y dilatar una ventaja de 9 segundos al inico hasta el minuto.
Encararon el último muro Kolobnev y Vino sabedores de que el gran triunfo sería para uno de los dos. Al final, el kazajo, alimentado por sus ansias de demostrar que fue su talento y no las sustancias dopantes el motivo de sus victorias pasadas, demarró con una fuerza imparable y alzó los brazos en señal de alivio, con su rival del Katiusha al fondo, siempre a las puertas de una gloria merecida.
Por detrás, Gilbert lo había intentado de cara a la galería y a su público, pero su aventura en solitario no pasó de los dos minutos. La resignación de los perseguidores permitió al resto de favoritos, antes descolgados, como Schleck y Contador, meterse en la pelea. No obstante, Valverde hizo valer sus ganas de mostrar al mundo su valía, derrotando a todos en el sprint y dejando claro que, de no ser por el genial movimiento táctico de Vino y Kolobnev, ni Gilbert ni el CONI le habrían impedido hacerse con su tercera Lieja. Anteayer mismo, en su afán de competición, el murciano consiguió una victoria más en el Tour de Romandía, que pudo dedicar a McQuaid, que veía avergonzado el triunfo del español desde el coche. ¡Ánimo Alejandro!




