Parte 1: ¿Qué hay detrás de la manita?
Bueno, días después de la debacle madridista en el templo azulgrana, llega el análisis. Aportar un punto de vista refrescante en un partido analizado con tanto detalle es complicado, pero trataré de hacerlo. Para mí, como para la mayoría, el mejor Barça se topó con un Madrid timorato, miedoso y falto de garra, de ahí el resultado tan abultado. Sin embargo, ¿quién es el culpable de ese complejo o esa pasividad?
Desde luego que Mourinho tiene parte de culpa. No tanto por el aspecto de la motivación, sino más bien por el planteamiento táctico. A lo largo de los años he entendido que tanto en el fútbol como en la vida, hacer algo más por influencias externas que por tu propio criterio suele llevar, por no decir que siempre lo hace, a la hecatombe. Ya ocurrió el año pasado con Pellegrini, pero su caso es en mi opinión más excusable, ya que estaba sometido al acoso y derribo de cierta prensa “madridista”.
El caso de Mourinho es distinto. Es cierto que optar por Lass antes que por uno de los atacantes puros habría provocado las críticas de los fundamentalistas. Igualmente: ¿desde cuándo le ha importado eso al portugués? Además, la lesión de Higuaín podría haber sido la excusa perfecta. Dejar a Benzema en el banquillo desechando el pieza por pieza sería más una cuestión de guardar una bala atacante por si el encuentro se torcía. También cogido con pinzas, desde luego, puesto que podría decirse que eso es casi asumir que el partido no irá bien.
De cualquier modo, no veo yo el problema en plantear el partido como un equipo inferior. Se demostró en el campo que el Madrid lo es y por mucho. Precisamente por eso la solución no es admitir esa superioridad con resignación hasta que pase la tempestad, sino luchar con las armas que existen en el momento para recuperar el dominio. Mourinho hasta ahora parecía dispuesto a todo para lograrlo. Y no obstante, su principio de adoptar el fútbol preferido en cada lugar y en cierto modo su chulería le impulsaron a traicionar su más profundo deseo. Puede que Lass no fuera la solución, pero un equipo más compacto habría asegurado un ridículo menor, o eso creo.
Eso sí, si hay algo que en el míster de Setúbal destaque por encima de su prepotencia es su inteligencia y su capacidad. No duden pues que este error, la goleada en contra más grande de su vida, haya marcado al portugués y no vuelva a repetirse. Por algo es The Special One, aunque muchos se suban al carro de las críticas después de la primera derrota. Dolorosa, pero la primera.







