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Individualismo comprendido y aplaudido

Arjen Robben va camino, o mejor dicho, es ya el protagonista de las tardes en el Bernabéu. Sus apasionantes carreras por cualquiera de los dos carriles han devuelto la ilusión al madridismo, si añadimos la vuelta de un inmenso Pepe en la zaga y la de nuevo firme figura de Iker bajo los palos. El de Móstoles, en mi opinión, nunca perdió las alas. Y tras la derrota con sabor a victoria en el Camp Nou, está dispuesto a recuperar el halo de leyenda que desprendían sus paradas. La portería a cero se admite en el seno del club blanco como un objetivo no cumplido con Schuster y estrictamente necesario y beneficioso para el Madrid. Y desde luego Iker es pieza clave en esa meta.

Fue ayer el momento, a una hora poco habitual, del frágil extremo holandés. Como ya nos tiene acostumbrados en estos últimos tiempos, deslumbró al público de Chamartín deslizándose por el nuevo césped del estadio. Y por fin tuvo premio su individualismo. Un individualismo probablemente justificado y que, aunque suele cegarle en exceso, significó a la postre con un golazo la victoria de los merengues ante un rival directo y quizás decaído como el Villarreal. Y es que, pese al buen trabajo y la entrega física expuesta ayer por Lass, el Madrid necesita del extremo y de esa escasa especie de jugadores para poder batir con eficacia al rival en un intercambio de golpes.

Además del zurdo de Burano, los halagos del periodismo madrileño se centraron en la velocidad de Pepe y los vuelos de Casillas. También tuvieron cabida las alabanzas al nuevo Diarrá y los aplausos pacientes a Huntelaar. Pero a mí me gustaría destacar dos figuras olvidadas en la noche de ayer. Una es Raúl, quien no pudo obsequiar a Del Bosque con un gol por un inoportuno resbalón, pero sí es un oculto estandarte de la presión exigida por Juande. Y Ramos, que poco a poco se ha recuperado de su inseguro inicio, y ayer firmó un gran partido en su vuelta al lateral con Robben como asociado siempre que el holandés así lo dispusiera.

En conclusión, una gran primera parte del Madrid da pie a la ilusión obligatoria para los blancos. Sin embargo, se intuye un hundimiento en los segundos tiempos que Juande deberá cortar de raíz (como su rota uña) si no quiere que el madridismo siga comprendiendo e incluso aplaudiendo, el individualismo de Robben.

Escrito el January 5th, 2009 por Juan  |  2 Comentarios »