2010, el año del sueño más grande (Parte 2)
Como cada cuatro años, la atención del mundo futbolístico se centró en un país concreto, donde el dorado trofeo aguardaba a la mejor selección de todas. Sudáfrica acogía el Mundial más colorido en la historia. Sin embargo, el fútbol de clubes nos dejó también dos protagonistas indudables: Mourinho con su trivencedor Inter de Milán y el Atlético de Madrid, liderado por sus dos magníficos delanteros: Agüero y Forlán.
Sin muchos problemas, el controvertido portugués lideró a su equipo reforzado con cracks como Sneijder, Eto’o y Pandev hasta los títulos de Copa y Liga en Italia. Completar el soñado triplete pasaba por la Champions, donde se interpuso el Barça de Guardiola. De no haber caído en Copa, después de que en Sevilla le faltara toda la suerte que le llevó a la victoria en Stamford Bridge un año atrás, el Pep Team tenía mimbres para otro curso histórico. Hasta que el huracán Mourinho y el volcán islandés unieron sus fuerzas para eliminar a un Barça valiente pero disperso pasados los tres cuartos de cancha. Para el orgullo queda saber que las dos competiciones que los culés han dejado antes de tiempo desde que Guardiola está al mando, las han dejado con victoria. (0-1 al Sevilla en el Sánchez Pizjuán y 1-0 al Inter en el Nou Camp).
Con el camino libre del mejor equipo del momento y Florentino ya seducido, el de Setúbal destrozó a su maestro Van Gaal con un impresionante Diego Milito, siguiendo la línea de su intachable temporada. Tras ello, apartó el récord de los seis títulos y se fue en busca de un reto mayor en Chamartín, donde ya ha provocado 50 incendios y le queda uno por apagar: el del 5-0. Veremos si es capaz de aumentar su historial en su continua persecución por las mejores cifras de la historia.
Lo del Atleti es mencionado más por lo que supuso para sus aficionados que por el verdadero peso futbolístico, ya que avanzó a trompicones (pregunten en Valencia) hasta la final de la Europa League. Pero siempre queda hueco para el romanticismo en análisis de este tipo y mencionar al Cacha Forlán, héroe en Hamburgo, sirve de hilo conductor hacia el Mundial, donde el uruguayo fue elegido mejor jugador.
Aunque semejante galardón parece excesivo para algunos, lo cierto es que el capitán celeste firmó un torneo con mayúsculas y puso belleza en un Mundial gris en lo futbolístico, donde muchas grandes potencias decepcionaron. Lo de Italia es comprensible: ese estilo no puede funcionar siempre. Lo de Brasil merecido, no tanto por traicionar el pasado, sino por rácanos. A Inglaterra se le puede aplicar lo mismo que Italia. El fracaso argentino, desesperante. Tanta calidad para tan poco. Y en cuanto a Francia decir que fue sencillamente vergonzoso, digno de programa de humor.
En el lado positivo, el empuje y la alegría de Ghana, echados con la mano de Luis Suárez cuando podían hacer historia. La entrega uruguaya mezclada con la calidad de sus delanteros es también digna de mención. La efectividad holandesa, con Robben y Sneijder a la cabeza, reseñable. Por supuesto la mestiza y joven Alemania del siempre educado Joachim Löw merece ser elogiada por la propuesta y la deportividad. Y, por encima de todos, la Roja. Emocionante como el Informe Robinson sobre el torneo, que recomiendo fervientemente sin que me paguen.
Tras un comienzo difícil y dos partidos sufridos, empezó a desplegar el juego esperado. En octavos, cayó una Portugal tan defensiva como inofensiva de no ser por los inesperados giros del Jabulani imprimidos por Cristiano. En cuartos, el Santo volvió a los cielos parando un penalti clave a una sorprendentemente sólida Paraguay. Las semis enfrentaron a los dos mejores equipos del torneo y Puyol se encargó de volar sobre los panzers alemanes, haciéndonos que todo era posible, mientras Busi se encargaba de parar a Özil y Müller, Bota de Oro del torneo, se comía las uñas en las gradas, por sanción.
Llegó entonces la final del día 11 de julio, el que marcaría nuestra historia por siempre. Superando las patadas de los holandeses, principalmente de Van Bommel (por más que se criminalice a De Jongh), el equipo comenzó a trenzar jugadas. Aún así, Casillas tuvo que sacar con el pie un mano a mano frente a Robben. Ya en la prórroga, cuando todo parecía abocado a los penaltis, apareció Andrés Iniesta para marcar el gol de todos y dedicárselo como la gran persona que es a su amigo fallecido Daniel Jarque. Apareció Iniesta para cumplir con nuestro sueño, para hacer que el año en que Samaranch, la referencia por excelencia de nuestro deporte, murió y el año en que Edurne Pasaban completó los 14 ochomiles, sea siempre recordado como el año de Andrés, Jarque, Del Bosque y nuestra selección. Iniesta de mi vida.








