Arcilla en el horizonte
Nadal ha cerrado la gira sobre pista dura con muy buenas sensaciones. Todavía algo lento de piernas, el manacorí ha firmado un papel sobresaliente en los torneos norteamericanos de Indian Wells y Miami, más si cabe al compararlo con los que le superan en el ránking. Pero lo cierto es que todos somos conscientes, mal que nos pese, que a Rafa le falta un puntito, aunque no sepamos muy bien de qué, para alcanzar el nivel que le elevó al número uno.
Los datos sostienen las tesis del tenista, que asegura estar contento con su rendimiento. Sin embargo, va a cumplir un año desde que venció su último torneo y los top-ten se le siguen resistiendo, con la excepción de Tsonga.
La decepción relativa de Indian Wells sirvió para ver a un Rafa agresivo en Miami, lo que le permitió superar su resultado anterior. Destrozó al mencionado Tsonga con un tenis soberbio y le esperaba el reto que es Roddick. Todo parecía hecho en el primer set, en el que el mallorquín desplegó un juego espectacular, mandando por fin con su derecha. Como antaño, un break en el momento justo y 6-4. La final quedaba cerca.
Y de repente, los viejos fantasmas aparecieron en Crandon Park. Ante un Roddick tremendo, eso sí, Rafa perdió algo de velocidad y el cañonero de Nebraska no desaprovechó su oportunidad. En diez juegos perfectos logró dos breaks, uno por cada set, y destrozó a Nadal, que desquiciado llegó a golpearse con dureza las piernas en la silla de descanso. La única oportunidad de remontar el vuelo mostró a un Rafa intranquilo, ansioso por recuperar lo perdido. El resultado: dos sets para Roddick, que parecía el de 2003, si no mejor, y tristeza de un Nadal que seguramente por el otro lado del cuadro, el de Federer, habría llegado a la final.
La maldición continúa, acentuando la vomitiva corriente antinadalista que ha surgido en los últimos tiempos. No obstante, estoy convencido de que la tierra, donde Nadal es de largo el mejor, le servirá para que Rafa deje de golpearse las piernas y de paso, para retomar la confianza y, por qué no, una posición más alta en el ránking ATP. ¡Vamos Rafa, Roland Garros es tuyo!










