¡Menuda diferencia!
Antes de nada, quería felicitar explícitamente a los buitres del MARCA por el cariño mostrado siempre hacia Manuel Pellegrini. No quisiera que suene a revancha, aunque admita que mis palabras están motivadas por el partido que acabo de ver, pero no estaba seguro de haber dejado claro al final de la temporada pasada cuanto admiro a todos los periodistas del diario español de más tirada. Mención especial, a su fantástico director. Parece que lo de lamer traseros no ha afectado a su capacidad ni a su liderazgo.
Nunca es bueno juzgar tan a la ligera, y 90 minutos no son para sacar conclusiones, o eso dirán mañana Ortego y Palomar. No obstante, las verdades no han de pasarse por alto. Y, en estos momentos, las verdades en lo concerniente al Real Madrid son las siguientes: entrenador nuevo cuando se prometió apostar por la continuidad, seis fichajes que incluyen el habitual capricho de Florentino y un triste empate a cero. Menos mal, y creo que hablo por todo el madridismo, que Inda y sus compinches nos hicieron ver lo malo que era Pellegrini. Empezó ganando, sí, pero lo que importa es el final, por supuesto.

Desde luego que Mourinho no es un pusilánime como el chileno, y con su mano de hierro evitará antes de que nos demos cuenta que el equipo se parta en dos (lo de hoy era pasajero) y convencerá a Benzema para que deje de salir de fiesta y así meta alguna. Sus innovadores esquemas llevarán al equipo a conquistar siete títulos (pasar de octavos ya cuenta como otro en la casa blanca). Y cuando eso ocurra, como ocurrirá, nuestro amado Eduardo nos hará entender cuán tontos fueron (o fuimos) los que creían en la continuidad del Ingeniero y que dudaron de Florentino, el presidente que más títulos ha levantado. Bueno, quizás eso último me lo haya inventado. Ya saben, quiero un hueco en el MARCA, ese periódico que tanto admiro, y por eso quiero mostrar que he aprendido perfectamente cómo se trabaja allí.
Mis disculpas a todos los periodistas honestos de MARCA, que seguro preferirían a un mono ciego como director. Además de más simpático, sería menos rastrero y sin lugar a dudas más inteligente.










