El Bernabéu abarrotado estaba dispuesto a vivir la primera noche realmente grande de la temporada y ansiaba que Cristiano se erigiera como vencedor del duelo entre los supuestos dos mejores futbolistas del mundo. Y tardó poco el sueño en romperse. Como en cada gran cita, el equipo de Pellegrini decepcionó a la afición y sucumbió, aunque esta vez puede excusarse dado que enfrente había una escuadra de verdad como es el Barça, concretamente la mejor del mundo.
Treinta minutos transcurrió el partido por donde quiso el Ingeniero, con sufrimiento “voluntariamente aceptado” y esperando alguna contra peligrosa, que Piqué y Puyol se encargaron de desbaratar. Entonces, las piezas dejaron de encajar y la presión de los merengues se diluyó. Momento que aprovechó un imperial Xavi para dar una lección de fútbol descomunal. La asistencia a Messi es una muestra más de su genialidad, comparable a la del rosarino en su definición magistral.
Con el Real desbocado y, lo más importante, desordenado, el 6 azulgrana tomó el mando del partido y lo llevó a donde quiso, destrozando las esperanzas del aforo con otro pase de ensueño que Pedro culminó a la perfección. La vieja guardia del Madrid salió para ese famoso último arreón. Guti, qué pena de cabeza para algunas cosas, dejó solo a Van der Vaart que estrelló contra Valdés toda ilusión madridista. Y Raúl marcó un gol ilegal para desesperación de la parroquia, que decidió abandonar el campo.

Entretanto, Xavi seguía a lo suyo y únicamente Casillas evitó que Leo se aprovechara por dos veces más de los balones que enviaba el crack de Terrasa. Al final, victoria justísima del Barcelona, al que sólo el exceso de confianza, que con Guardiola se adivina imposible, podrá privarle del segundo título consecutivo.
En la acera de Chamartín, lo de siempre. Críticas al técnico y querer copiar el estilo culé con posibles fichajes. Sobre lo del entrenador, equivocado o no en su planteamiento, considero que echarlo es repetir los errores del pasado que llevaron a 3 títulos de 21 posibles bajo el mandato de Florentino. Dejando a un lado, no por poca importancia, los fracasos en las grandes corridas; Pellegrini puede cerrar la Liga con 98 puntos. Y tras perderla con semejante cifra, como ya dijo Pep antes del derbi, sólo quedaría quitarse el sombrero.
Y las adquisiciones, aunque tentadoras como la de Silva o la de Cesc, deben estar consensuadas con el cuerpo técnico y ante todo, no han de ser para copiar al Barça que lo que ha demostrado, y no sólo ayer, es que lo importante es escoger y perseguir un estilo, sí, pero el propio.