Corriendo bajo la luna llena

Ayer por la noche se complicó un problema que surgió con el experimento y acabamos a las 2h de la mañana. Pero para mi compañero fue aún peor, ya que tras acostarse, tuvo que volver a levantarse para seguir de cerca algunas de las operaciones que hacían desde el Norte. Le tocaba a él de guardia y tuvo el detalle de no despertarme. Él se acostaba a las 8h.

Como no había nada previsto para el domingo por la mañana no me puse el despertador y he dormido hasta tarde. Tras descubrir todo lo que había seguido aconteciendo por la noche y contestar algunos correos, al asomar la cabeza por la terraza he descubierto un espectáculo maravilloso. Si pensaba que este lugar ya no podía sorprenderme, estaba equivocado. Teníamos luna llena, y el día estaba claro, así que reflejaba en la nieve, y parecía como si fuese casi de día!

He visto a Sven, que había dormido poco y se preparaba para salir a esquiar. Y yo me he dado cuenta de que era el día perfecto para probar algo que todavía no había probado este invierno, salir a correr fuera! A pesar de los -60C el día estaba calmado, así que animaba a intentarlo, pero era toda una incógnita cómo iba a responder ante el frio.

Antes de vestirme me he tomado un zumo y una galleta (ha sido mi desayuno/comida) y he comenzado con el ritual. Primero las mallas de lana de oveja merina y unos calcetines finos también de lana. Sobre los calcetines he pegado unos calentadores químicos. Luego un pantalón de forro polar y unos calcetines de lana mas recios. Después la parte de arriba, camiseta de lana de oveja merina y forro fino. Después el pantalón cortavientos y encima otro forro polar más recio para el cuerpo. En ese momento me he colocado también la radio, con la batería cargada. Después un pasamontañas fino, un gorro y el pasamontañas polar, la pieza naranja que se ve en las fotos. Y finalmente, un cortavientos (la pieza roja).

Además, para cubrir el entrecejo, me he pegado un trozo de cinta adhesiva. Tenia dudas de si seria peor este remedio, pero ha resultado muy bien. Por último los guantes finos de lana de oveja merina, más calentadores químicos para las manos, y las manoplas. He metido la cámara pequeña en una de las manoplas, pero no he conseguido que saliera ninguna foto decente, así que luego a la vuelta he usado la grande. Y por supuesto, en los pies, mis zapatillas de trail, con las que he corrido los dos maratones aquí. Esto también me creaba dudas, pero han aguantado a la perfección.

Así pues, he mirado la hora y he salido. Fuera se veía de maravilla, nada que ver con las últimas veces que había salido y que no hacía más que tropezarme con los sastrugis al no poder ver bien el suelo. He seguido la ruta hasta el SPT, de ahí al ICL y de ahí vuelta a la estación. He calculado que la vuelta tendría unos 2km o algo así. El ritmo era lentísimo, un simple trote, pero con toda esa ropa encima, lo blando de la nieve, y los más de 3200m equivalentes de altitud, poco más se podía pedir. En realidad la idea era disfrutar, y he disfrutado como un enano. Al final he dado 4 vueltas a ese circuito, lo que totalizarían al menos 8km. De vuelta he pasado por la marca del polo Sur. Al entrar en la base, con cuidado para no resbalarme ya que la suela de las zapatillas se había congelado totalmente, he visto que había pasado mas de 1h30. Incluso a 10min/km eso harían casi 10km. Tengo que medir bien el circuito para saber la distancia exacta, pero en cualquier caso, os hacéis una idea del ritmo ‘endiablado’ que llevaba.

Pero en ningún momento he sentido frío, he llegado a pasar mas frío en muchas tardes de invierno corriendo en Zaragoza, lo que me da confianza para seguir disfrutando de esta práctica. Las sensaciones son extrañas. En realidad, el escaso hueco que queda para los ojos hace que tu visión esté muy limitada, y salvo las veces en que te paras para disfrutar del entorno, sólo ves, y de mala manera, un metro por delante de tus pies. Además el hueco por el que ves se hace cada vez más pequeño conforme se acumula hielo alrededor. Esa visión te hace sentirte casi dentro de un sueño, sensación que se ve incrementada cuando eres consciente de dónde estás y de lo que estás haciendo. De hecho, algunos recuerdos llegan a ser más vívidos que esas sensaciones y no me hubiese extrañado abrir los ojos y encontrarme en mi barrio en Zaragoza. En momentos así, me sigue costando creer que estoy realmente aquí, en el Polo Sur, y más aún, corriendo a -60C bajo la luna llena. Es algo sencillamente espectacular.


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5 Responses to Corriendo bajo la luna llena

  1. gabriela says:

    Carlos, nuevamente me sorprendes con tu relato…Hay tantos detalles en los que una no piensa…como eso de la poca visión que tienes, debido a tanto abrigo y a la formación de hielo…son detalles que desde acá no se piensan!! y claro, con esas gafas tan oscuras…si tienes que proteger tus ojos del reflejo brutal de la nieve!! Me encantó tu descripción de tanta capa de ropa, y pensé en Amundsen y Scott, que contaban con ropas inadecuadas, hubieran sonreído con una chaqueta de polar…oh….

    • Carlos Pobes says:

      Hola Gabriela, en realidad, no uso gafas en invierno, se empañan enseguida y no ves nada. Por eso el entrecejo te queda descubierto y es la zona que mas sufre si hay viento, y por eso probe a ponerme un trozo de cinta adhesiva en esa zona, y funciono bastante bien.
      ciao!

      • gabriela says:

        Que divertido!! Yo miré mal la foto, y creí que andabas con gafas oscuras….y claro, tienes razón, de noche no es tanto el reflejo de la luz…Por eso me alegran tus respuestas, que me sacan de los errores. Es cómico, porque pensé que la tela plástica era para unir la gafa a tu piel….”na’que ver”…jajaja

  2. José Antonioi says:

    Hola… me paso por aquí por indicación de nuestra amiga Gabriela que me dices que eres español de Zaragoza. Buen lugar y muy buena gente, que conozco. Yo soy de Sevilla pero vivo el Palma de Mallorca. He leído tu Post y, la verdad, compañero, es que te admiro. Trabajar en semejantes condiciones es toda una heroicidad.
    Un saludo desde Palma